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¿Existe una única realidad?

Terapia Breve Estratégica - ¿Existe una única realidad?

¿Existe una única realidad?

Terapia Breve Estratégica - ¿Existe una única realidad?Hay una frase de Oscar Wilde que ilustra muy bien una idea básica, del constructivismo,  con la que trabajamos en la terapia breve estratégica: «No existe una realidad verdadera, sino tantas realidades como se pueden inventar». En otras palabras: nuestra realidad personal cambia según el punto de vista de quien la mira. Basta pensar en situaciones cotidianas en el trabajo o con nuestra pareja, los amigos o la familia; pese a que vivamos los mismos acontecimientos, el punto de vista de cada quien es diferente. A veces, percibimos de manera tan diferente una misma situación que incluso tenemos problemas para resolver nuestras discrepancias de manera pacífica.

Una fábula que resume estupendamente este conflicto entre realidad, percepción y punto de vista es la del burro, muy conocida en España porque un entrenador del Real Madrid la utilizó en una rueda de prensa como metáfora de los debates ficticios que se suscitaban en la prensa alrededor de si debería jugar tal o cual jugador y por qué.

Por mi parte, y por si prefieres leerla que escucharla, te transcribo que yo tengo:

En un día muy caluroso, en una ciudad del sur de Italia, un padre y su hijo emprenden un viaje, con sus asno, para visitar a unos parientes que viven en una ciudad lejana de su comarca. El padre va montando sobre el asno y el hijo camina a su lado; los tres pasan delante de un grupo de personas, y el padre escucha que estos dicen:

—Miren eso, ¡qué padre tan cruel!: va sobre el asno y su hijo debe andar en un día tan caluroso.

Entonces el padre baja del asno, hace subir al hijo y continúan así el camino.
Pasan frente a otro grupo de personas y el padre escucha que estos dicen:

—Pero, miren: el pobre viejo camina, en un día tan caliente, y el joven va muy cómodo sobre el asno; ¡qué clase de educación es esta!

El padre, entonces, piensa que lo mejor es que los dos vayan sobre el asno, y así continúan el camino. Un poco después pasan frente a otro grupo de personas y el padre escucha:

—¡Observen qué crueldad! Esos dos no tienen ni un poco de misericordia con ese pobre animal que debe cargar tanto peso en un día tan caluroso.

Entonces el padre se baja del asno, hace bajar también al su hijo y continúan su caminando junto al asno. Pasan enfrente de otro grupo de personas, que dicen:

—¡Qué imbéciles esos dos! En un día tan caluroso caminan a pesar de que tienen un asno sobre el que montar…

A modo de conclusión, diría que esta fábula nos enseña que ser flexibles desde diferentes perspectivas nos ayuda a evitar la trampa de esperar que los demás se comporten o piensen como desearíamos. Es decir: seamos espectadores o protagonistas no debemos perder de vista que existen más realidades que la nuestra.

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